1.27.2011

Reflexionar, beber, o ambas cosas.


Me consumía en ese bar de mala muerte.
Estaba yo sola, quizás algún borracho quedaba en las esquinas.
Pensé que lo tenía todo, pero al estar allí, empecé a pensar...
Ahora, ¿qué me quedaba?
Una copa tras otra, para olvidar, olvidar todo lo malo, olvidarte a ti.
Mi vaso estaba lleno, y al instante vacío.
El alcohol era lo único que me podía ayudar, o eso pensaba, un líquido en el que sumergir todos mis pensamientos.
Nunca tuve en cuenta que las penas saben nadar.

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